Juan Manuel de Prada es una persona que no pasa inadvertida para nadie; ya sea su rotunda presencia física o su contundencia intelectual, marcan cualquier aproximación física o intelectual al personaje que hoy entrevistamos. ¡Disfruten de la entrevista!

Tengo la sensación de que usted es una persona que anda siempre ajustando cuentas con usted y con el mundo.

Bueno si aceptamos la visión unamuniana del hombre como un ser agónico, de alguien que está siempre en lucha, pues sí. Eso no quiere decir que simplemente quiera llevar la contraria, sino que creo que la misión del escritor, del intelectual, es ser un aguijón; un constante signo de contradicción en el mundo. Digamos que hoy en día se estila una especie de paz fundada en la mentira que a todos nos aplaca o nos amansa, y yo creo que la misión del escritor es un poco semejante a la del profeta; es provocar insatisfacciones, suscitar contradicciones contra esa visión falsamente pacífica que se nos trata de imponer. Entonces, en este sentido, sí. Yo creo que quien está conforme con la vida o conforme con el puesto que se le ha asignado en la vida no es escritor, se dedica a otra cosa. Yo creo que el escritor siempre tiene que ser una voz que grita en el desierto.

¿Detrás de toda cuestión política subyace un problema teológico?

Esto nos lo han dicho grandes sabios a lo largo de la historia. Podríamos decir que la política tradicional como ciencia práctica, tal y como la entendía Aristóteles, indudablemente lo que trata es de aplicar a la polis, es decir, a la comunidad política, o al grupo social, una serie de principios de naturaleza metafísica. En el sentido más moderno de la política, yo diría que las políticas, las ideologías, hoy en día son sucedáneos religiosos, son versiones secularizadas de la religión que tratan de trasladar las promesas de la religión, que siempre están proyectadas hacia una vida futura, hacia una vida de ultratumba; las tratan de traer a la vida presente, a la vida terrenal, y tratan de instaurar un paraíso en la Tierra. Entonces podríamos decir que las ideologías serían versiones devaluadas de la religión. En este sentido yo creo que, como decía Donoso Cortés, aquel extremeño ilustre: “A medida que asciende el termómetro político, desciende el religioso”, es decir, a medida que va decreciendo la fe de los pueblos va engordando su preocupación ideológica.

Le he escuchado en alguna ocasión que su idea hubiera sido realizar un striptease integral sustituido en última instancia por un striptease literario.

Yo creo que la misión de todo escritor es desnudarse a través de lo que escribe, más allá de que la literatura tenga un componente de fingimiento, más allá de que uno se ponga máscaras a través de sus personajes, a través de las historias imaginarias que cuenta al final uno está hablando de sí mismo, está mostrando sus inquietudes, sus miedos, sus anhelos, sus zozobras más secretas. Entonces quien sepa leer efectivamente se da cuenta de que detrás de todo lo que uno escribe, cuando es verdadero, cuando es auténtico, está su mundo íntimo más auténtico.

¿Cómo es la verdad desnuda de Juan Manuel de Prada?

La verdad desnuda siempre es una palabra muy compleja. Yo creo que eso lo tienen que decidir quienes me lean; creo que soy en realidad una persona muy simple que tiene un anhelo de un mundo distinto al mundo que le ha tocado vivir, que es más un anhelo arcádico, un regreso a una arcadia, que un anheló utópico de llegar a una utopía. Soy una persona poco utópica y creo que en realidad la salvación humana, en lo que tiene de humana y no depende de decisiones que superan al hombre, de decisiones divinas, pues tiene que ver con la reconstitución de unos vínculos y la recuperación de unas formas de convivencia social, recuperación de una auténtica comunidad política que tiene más que ver con el regreso a una arcadia que con la búsqueda de una utopía.

¿Usted siempre ha realizado lo que le gusta?

Razonablemente. Digamos que desde niño quise ser escritor, que mi vocación me permitiese vivir y, con dificultades cada vez mayores hay que decir, porque la literatura cada vez es menos apreciada en la sociedad en la que vivimos, lo he ido consiguiendo. De forma modesta, pero he logrado vivir de mi trabajo, entendido en un sentido muy amplio. A mí me encantaría poder vivir de estar únicamente escribiendo, pero te toca hacer otras cosas más o menos limítrofes. Pero sí, digamos que he tenido la suerte de poder ligar mi vida al trabajo intelectual, al trabajo literario.

¿No ha dejado en el tintero alguna cosa apetecida y no realizada?

Muchas, pero siempre uno confía en que la vida le dará oportunidades. Las cosas que te has ido dejando en tintero al final, cuando se te acaba la tinta, lo que haces es reunir la tinta de distintos tinteros en uno nuevo, entonces piensas que aquello que te has ido dejando por el camino podrás recuperarlo en el futuro. Yo creo que, como nos dice el Evangelio, “a cada día con su afán le basta”, es decir, no tenemos que obsesionarnos con tratar de solucionar el mundo de la noche a la mañana, yo creo que la misión de un escritor es decir su verdad y tener confianza en que esa verdad fructifique en los corazones; pensar que seguramente entre las miles de personas que te leen el 90% no se van a enterar de nada, pero va a haber un 10% que maduren aquello que has escrito y que eso que has escrito les deje una honda huella que poco a poco vaya creciendo en su vida interior y dé fruto. Yo creo que este es un trabajo que no hay que hacer con la obsesión de encontrar frutos inmediatos, y tampoco hay que obsesionarse con darlo todo, es decir, una vida literaria normal son cincuenta, sesenta, setenta años de trabajo intelectual y, a lo largo de esos años, uno va dando todo lo que puede.

¿Qué opina de la perseverancia?

Para mí es fundamental, yo he conocido a muchas personas que tenían dotes artísticas pero que como no tenían disciplina, perseverancia, constancia, capacidad de sacrificio, se quedaron en nada. Y también al contrario, hay ejemplos de personas que no están muy bien dotadas pero a quienes la perseverancia les permite mantenerse. Yo diría que la perseverancia cuando viene en apoyo del talento es el mejor condimento para una vida intelectual. Creo que un escritor sobretodo necesita tesón, necesita tener confianza en lo que hace y mucho tiempo por delante, capacidad para encajar los reveses de la vida, las incomprensiones y fuerza para seguir luchando; en este sentido creo que un escritor sin perseverancia está muerto, es una voz que se queda afónica enseguida.

¿Son nuestros políticos perseverantes?

No, yo creo que desgraciadamente en el mundo en el que vivimos, y quizá potenciado por las formas políticas hoy en boga, el político tiende al cortoplacismo, y vivimos ya en una demagogia donde el político depende sobretodo de los estados anímicos, esto lo prueban las encuestas, la calificación que se le da a un político puede variar en apenas un mes; hoy puede ser una persona idolatrada y dentro de un mes puede ser una persona completamente despreciada y vilipendiada. Entonces en este sentido yo creo que hoy en día nuestra política premia mucho más la veleidad, el aspaviento, el “gesto”, que la perseverancia. Entre otras cosas porque creo que también a los pueblos se les ha convertido en chiquilenes emberrinchados, es decir, se les ha acostumbrado a la satisfacción de sus caprichos, se les ha acostumbrado al halago demagógico y cuando te dedicas a halagar a la gente las conviertes en hienas que constantemente están cambiando su apreciación sobre ti, a mí esto me parece una deriva lamentable de la política pero es lo que hoy en día se impone.

Mi impresión, por su aspecto, es el de una persona “progre”; impresión que con sus escritos evoluciona hacia…. Por favor, concluya la frase.

Yo no creo que tenga un aspecto de persona “progre”. Cuando era joven decían que tenía aspecto de seminarista y ahora sospecho que dadas mis anchuras más bien tengo aspecto de obispo, es verdad que seguramente de obispo maldito o condenado a divinis, como se decía antes cuando no se les permitía a los curas decir misa. Más bien me veo como eso, como a un obispo que no le dejan decir misa. No, yo creo que soy una persona que descree en las ideologías en boga, yo siempre me he considerado una persona reaccionaria, en el sentido profundo de la palabra, es decir, reacciono frente al mundo en el que me ha  tocado vivir, con un pensamiento inspirado en la tradición y por lo tanto un pensamiento anti ideológico si entendemos por ideologías los frutos de la revolución liberal. Entonces mi visión digamos que es contestataria frente al mundo, frente a las tendencias políticas hoy en boga pero no me consideraría para nada un “progre”, entre otras cosas porque no creo en el progreso. Decía Chesterton que el error del progreso es que trataba de amoldar el alma humana a los cambios del mundo, en lugar de amoldar los cambios del mundo al alma humana. El alma humana es algo perenne, nuestra alma es exactamente igual que la de un hombre o una mujer de hace veinte mil años. Y en este sentido yo en el único progreso que creo es en aquel que no fuerza lo esencial del ser humano, que es su alma, y desgraciadamente el mundo moderno lo que tiende es a establecer cambios que fuerzan y que obligan al alma humana a adaptarse y, a veces, esa adaptación la obliga a quebrarse, y en ese progreso no creo, pero esa es la versión del progreso que triunfa ahora.

Cambiamos de tercio: háblenos de Juan Manuel Cardoso.

Juan Manuel es una persona a la que conocí a través de los Premios Ciudad de Badajoz en su condición de empleado del Ayuntamiento. Una persona que siempre me pareció inteligente, socarrona, con una mirada irónica sobre la realidad que a mí siempre me llamó la atención. Luego a lo largo del tiempo descubrí que le gustaba escribir y sobre todo el cambio de mi percepción sobre él se produjo hace un par de años o tres en una entrega de los Premios Ciudad de Badajoz; yo le sugerí que deberíamos hacer un pequeño homenaje a Santiago Castelo, el gran poeta extremeño que acababa de morirse entonces, y me dijo Juan Manuel “no te preocupes que yo me encargo de eso”, y entonces cuando yo fui a leer el fallo de uno de los premios pues yo pensaba decir unas palabras sobre Castelo y de repente me encuentro con un texto que luego supe que había escrito Cardoso, que dije “qué bien escrito está, cómo capta el alma de Santiago Castelo”, entonces me di cuenta de que era una persona con auténtico talento literario, con capacidad de penetración y a partir de ahí empecé a leer algunos de sus artículos.

Y de nuestra ciudad, Badajoz.

Yo siempre en Extremadura me he sentido muy querido, siempre he tenido personas con las que he tenido una relación muy estrecha. Te puedo comentar, por ejemplo, al gran poeta Santiago Castelo, en su día tuve también una amistad muy intensa con Rodríguez Ibarra, quien fuera presidente de la comunidad, y en general he encontrado siempre en Extremadura, y concretamente en Badajoz, (que es el lugar que más veces he visitado en Extremadura) una generosidad, una hospitalidad, una acogida y al mismo tiempo una visión de la vida sincera, abierta, luminosa, sin doblez, sin hipocresía, con la que me he sentido siempre muy a gusto. La imagen que tenemos de los españoles, la imagen de ese español aguerrido, sufrido, sacrificado, que es capaz de anteponer el ideal a su capricho a su conveniencia, en gran medida es la imagen que los extremeños dejaron en el mundo; porque los extremeños tuvieron un gran protagonismo en las grandes hazañas y en las grandes empresas españolas. Entonces en ese sentido yo creo que Extremadura ejemplifica perfectamente este talante recio, sufrido, abnegado, generoso, que a mí tanto me gusta.

Una última cuestión: ¿qué película es la que le ha impresionado últimamente?

Aunque suene cursi me ha gustado mucho “Ha nacido una estrella”. Es una película presuntamente romántica y casi diríamos, como se decía antes (aunque esto suene ofensivo), para chicas, a la que fui a regañadientes con mi mujer y la verdad es que me gustó mucho. Es una adaptación de una vieja idea que se ha llevado al cine en otras ocasiones pero que en esta nueva versión, protagonizada por Bradley Cooper y Lady Gaga, la verdad es que es una película hermosa, emotiva, que conmueve, que tiene fuerza y me parece muy recomendable. Habla de la pulsión autodestructiva del ser humano, de cosas muy profundas que tienen que ver con cuando se produce esa cosa tan hermosa que es la sintonía entre dos almas.

Juan Manuel, un placer charlar con usted; una persona muy valiosa en este ecosistema insostenible en el que hemos convertido nuestra convivencia. Muchas gracias.

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